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Con la llegada de noviembre, la mayoría de embarcaciones de la Costa Brava reducen sus salidas o se quedan paradas hasta la primavera. Un buen invernaje del barco marca la diferencia entre volver a navegar en abril sin contratiempos o empezar la temporada en el taller. En el Mediterráneo el frío rara vez es el problema: lo son la humedad, la sal y los meses de inactividad.
Invernaje del barco: en el agua o en seco
La primera decisión es dónde pasará el invierno la embarcación. En el agua, el barco sigue disponible para los días buenos, que en la Costa Brava no son pocos, pero conviene revisar amarras y defensas antes de los temporales de levante. En seco, el casco descansa, la obra viva no acumula incrustaciones y el mantenimiento se reduce. Para embarcaciones de hasta 8 metros, la marina seca de Marina Palamós dispone de 141 plazas y combina las dos opciones: el barco se guarda en tierra y se bota cada vez que se quiere salir.
El motor, lo primero
- Estabilizador en el combustible: evita depósitos y obstrucciones que dificultan el arranque en primavera. Después de añadirlo, basta con hacer funcionar el motor unos minutos para que circule.
- Aceite y filtros: el cambio se hace antes del parón, para que el motor pase el invierno con aceite limpio.
- Refrigeración: el circuito se aclara con agua dulce para eliminar la sal. Es buen momento para revisar correas, abrazaderas y manguitos.
- Fueraborda: el aceite de protección en los cilindros previene la corrosión interna durante los meses sin uso.

Baterías y electrónica
Las baterías se guardan con la carga completa, desconectadas y con los bornes limpios y protegidos con grasa dieléctrica. Un mantenedor de carga o una comprobación mensual del voltaje alarga su vida útil. Los equipos portátiles, como la radio VHF o el GPS de mano, están mejor en casa, lejos de la humedad. Los contactos de la bomba de achique merecen una revisión aparte: es la que trabaja cuando entra agua.
Humedad y ventilación
Colchonetas, cojines y ropa de cama se retiran, igual que todo lo que haya en la cocina. Los absorbedores de humedad y una ligera ventilación de la cabina y los tambuchos evitan el moho y los malos olores. Baños y lavabos se aclaran con agua dulce y los depósitos de agua se vacían: el agua estancada durante meses acaba dando problemas.
Casco, cubierta y velas
Un lavado con jabón náutico permite revisar el gelcoat en busca de ampollas o grietas antes de encerar la obra muerta. Los ánodos y los grifos de fondo se revisan, se limpian y se lubrican. Las velas se lavan con agua dulce y un detergente suave, se secan por completo y se guardan en un lugar seco después de revisar las costuras. Una funda transpirable y bien tensada protege la cubierta sin acumular agua.
Un invierno que se nota en primavera
El varadero de Marina Palamós, con 4.000 m² de zona técnica y un travel-lift de 45 toneladas, está pensado para estos trabajos, tanto si los hace el propio armador como si los encarga a profesionales acreditados. Lo que se hace en noviembre se agradece en abril: la temporada empieza el primer día que apetece salir al mar.




